Isaías 19,16-25
El deseo de contemplar a Dios
San Anselmo.
Proslogion 1
Ea,
hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti
mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las
preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate
algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el
aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para
buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma
mía, di a Dios: «Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro».
Y
ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo
encontrarte.
Señor,
si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier,
¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad
inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré
a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué
señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no
conozco tu rostro.
¿Qué
hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor,
ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy
lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo
de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha
visto tu rostro.
Señor,
tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado,
me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste,
en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.
Entonces,
Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de
nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás
de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?
Míranos,
Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu
presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de
nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.
Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque
no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú
no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré
y hallándote te amaré.