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«Tu pueblo será mi pueblo»

No suelen tener buena prensa las relaciones entre nueras y suegras, y viceversa. Y, sin embargo, en la Biblia encontramos una historia bellísima a este respecto.

Debido al hambre, Elimelek y Noemí han tenido que emigrar a un país extranjero –Moab– con sus dos hijos. Cuando muere Elimelek sus hijos se casan con dos mujeres moabitas. Pero también ellos mueren y queda Noemí sola con sus dos nueras.

Al oír que la situación en Judá ha mejorado, Noemí decide regresar a su tierra. Pero invita a sus dos nueras a quedarse con su familia en Moab: ellas son aún jóvenes y fácilmente podrán casarse de nuevo con uno de su propio pueblo.

A diferencia de su cuñada, Rut se opone rotundamente, diciendo a Noemí: «No insistas que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas yo iré, donde habites habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras moriré y allí seré enterrada».

Sólo quien vive o ha vivido en un país extranjero puede medir el alcance del sacrificio de Rut: renunciar a lo conocido, a las propias costumbres, a la propia lengua… para ser considerado en la nueva residencia un extraño. Pero a la vez, al decir «tu Dios será mi Dios», Rut ha elegido al Señor y se ha puesto bajo el influjo del Todopoderoso, bajo el dominio del Dios de la vida.

De regreso a Belén –pueblo natal de Noemí– Rut halla gracia a los ojos de Booz, con el que terminará contrayendo matrimonio.

Pero lo de Booz no es un simple enamoramiento. El derecho israelita pedía que si un varón moría sin descendencia, el pariente más próximo se casase con la viuda para dar descendencia al difunto. Booz no es el más cercano, pero acepta desposar a Rut.

De este modo al sacrificio de Rut renunciando a su patria se une el de Booz: el hijo que nazca no será legalmente hijo suyo, sino del difunto Majlón.

La abnegación de Rut y Booz convierten a Noemí en abuela del rey David y ellos entran en la genealogía del Mesías (Mt 1,1-16). Una extranjera –de fuera del pueblo de Israel y extraña a las promesas– se convierte en ascendiente según la carne de Cristo, el Salvador del mundo.

Una vez más se comprueba la fecundidad ilimitada de la abnegación y el sacrificio. Sin esta generosidad Rut y Booz hubieran quedado perdidos en el mar de la historia; gracias a ella han entrado de lleno como un eslabón en la gran historia de la salvación. «Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará» (Lc 17,33). Verdaderamente, sólo poseemos aquello que entregamos…

(Texto bíblico: Libro de Rut)