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Los Estados laicos luchan contra el Reino de Dios

–Ándese con cuidado. Esa imagen está tomada de la portada de un libro.
–Así es, de un libro de Eugenia Rocella y Lucetta Scaraffia. Les hago publicidad gratuita.

«Se alían los reyes de la tierra contra el Señor y contra su Mesías: “rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo”» (Sal 2,2). A esa coalición mundial de políticos anti-Cristo se unen beatíficamente políticos cristianos e incluso eclesiásticos, que sólo aspiran a una «sana laicidad» en un «Estado laico». Ellos, tan atentos a «los signos de los tiempos», no se han enterado todavía de que se ha alzado contra Cristo Rey y contra su Iglesia una conspiración diabólica-mundana, que viene desarrollándose cada vez con más fuerza y eficacia desde comienzos del siglo XVIII. Entonces, los cómplices del diablo formaban una minoría ilustrada, que atacaba abiertamente, escandalosamente, a Cristo y a la Iglesia: écrasez l’Infâme (Voltaire, 1694-1778). Ahora son innumerables, y con mayor discreción y más eficacia, perfectamente organizados, van consiguiendo quitar de la humanidad el yugo aplastante de Cristo, convencidos de que sólamente así podrá darse el desarrollo pleno del hombre y de las naciones.

Combatir a Cristo y a su Iglesia viene siendo el designio fundamental de la Enciclopedia, la Revolución francesa, la masonería, el liberalismo naturalista, el comunismo, el nazismo, el agnosticismo relativista de las democracias occidentales. Concretamente, el poder político más fuerte e influyente del mundo es el del presidente de los Estados Unidos, que ha de ser masón o aprobado por la masonería. Todas estas fuerzas anti-Cristo han logrado hoy organizar grandes complejos internacionales, que ejercen un gran poder sobre las naciones, y que están mostrando una eficiencia descristianizadora quizá nunca antes conseguida. No ignoremos, por otra parte, que su gran potencia destructiva de la Iglesia se debe en gran medida a sus infiltraciones dentro de ella (cf. J. M. Iraburu, De Cristo o del mundo, Fund. GRATIS DATE, Pamplona 1997, parte VI, Descristianización. Conocemos hoy con bastante exactitud cuáles son los enemigos principales de la Iglesia y cómo actúan:

D. von Hildebrand, El Caballo de Troya en la Ciudad de Dios, Fax, Madrid 1967; R. de la Cierva, Oscura rebelión en la Iglesia, Plaza & Janés 1987; Las puertas del infierno, Fénix, Madridejos, Toledo 1995; La masonería invisible, Fénix 2002; J. A. Ullate Fabo, El misterio masónico revelado, Libros Libres, Madrid 2007; Eugenia Rocella - Lucetta Scaraffia, Contra el cristianismo. La ONU y la Unión Europea como nueva ideología, Cristiandad, Madrid 2008.

Se da en el Occidente una gran batalla entre el Humanismo naturalista y el cristianismo de la Iglesia Católica. –Se da en Occidente: no en los países asiáticos o africanos, cuyas culturas cívicas y religiosas no son vanguardia en el caminar de las naciones. –Se da contra la Iglesia Católica: ella es para el diablo y los suyos la roca de sobrehumana fortaleza, que a toda costa es necesario demoler. El diablo y los suyos no atacan del mismo modo a las confesiones protestantes, muy debilitadas y vinculadas a los Estados laicos-laicistas. –Y es el humanitarismo naturalista la nueva religión universal suscitada por las fuerzas contrarias a Cristo Rey.

Ya hace un siglo, en 1908, Roberto Hugo Benson (1871-1914), sacerdote católico, hijo del Arzobispo de Canterbury, primado de la comunión Anglicana, en su obra Señor del mundo, hace decir a uno de sus personajes: en el mundo actual «hay tres fuerzas: Catolicismo, Humanitarismo y las religiones de Oriente. Pero en Europa y América no cabe duda que la lucha está entre los dos primeros. La Iglesia Católica es la única institución que reclama autoridad sobrenatural, y tiene ahora la adhesión de prácticamente todos los cristianos en quienes queda fe sobrenatural. Y el Humanitarismo se está volviendo en sí una religión, y tiene un credo: “Dios es el hombre”… El mundo se está alineando contra nosotros: es un antagonismo organizado, una especie de católica Anti-Iglesia» (trad. L. Castellani, 1958; Lib. Córdoba, B. Aires 2004, pgs. 13-15; cf. ob. cit. Homo legens, Madrid 2006, 336 pgs.). Esta misma idea había sido expuesta por el Bto. Card. Newman (1801-1890) en sus cuatro sermones sobre El Anticristo según la doctrina de los Padres. El argentino Hugo Wast (1883-1962) desarrolla el tema en su novela 666, y el canadiense Michel O’Brien en su obra El padre Elías (Libros Libres, Madrid 2006). En este mismo campo literario habría que recordar autores como Vladimir Soloviev (+1900), León Bloy (+1919) y el padre Leonardo Castellani (+1981).

Es el demonio quien dirige y coordina las fuerzas anti-Cristo en una gran mafia mundial, que actúa con suma eficacia en la vida política, en el mundo de la educación, de la sanidad y la cultura, y en los medios de comunicación. La rápida descristianización de las naciones de antigua filiación cristiana no puede explicarse de otro modo. La masonería, la ONU, la Unión Europea, la UNESCO, el Council Foreing Relations, la UNFPA (Fondo para la Población de las Naciones Unidas), la IPPF (International Planned Parenthood Federation), las grandes fundaciones Rockefeller, Ford, Gates, y muchos otros organismos afines humanitarios, políticos, mediáticos, universitarios, van obrando aceleradamente en las naciones una ingeniería de transformación socio-política anticristiana.

Y los objetivos señalados por esa poderosa mafia internacional se van aplicando en los Estados laicistas con presiones económicas y diplomáticas prácticamente irresistibles. Todos los implicados en la guerra anti-Cristo operan con una obstinación persistente y diabólica, principalmente a través de numerosas Conferencias periódicas internacionales: Nairobi prepara Río de Janeiro, y lo que entonces no se logra, se intentará en Viena y en El Cairo, ampliando las conquistas en Pekín, y proponiendo para más tarde los Objetivos del Milenio, que serán reforzados por otras consignas, como las de Bill Gates y su Club de los Billonarios, etc. Avanzan paso a paso, organizadamente, siempre en la misma dirección, contra natura y anti-Cristo.

El diablo se sirve en su lucha principalmente de palabras engañosas. Él es «el Padre de la mentira» (Jn 8,44), y ya en el principio venció al hombre y a la mujer mediante las palabras mentirosas (Gén 3). Por eso los que bajo su influjo militan anti-Cristo emplean lemas verbales, que señalan una serie de objetivos graduales, de tal modo que conseguidos unos, quedan facilitados los siguientes.

La elaboración del lenguaje mentiroso-homicida se ha realizado especialmente en referencia a la vida sexual, cuya perversión es objetivo preferente para los anti-Cristo. Es significativo que la IPPF haya preparado un glosario especial anticonceptivo y abortista. «Interrupción voluntaria del embarazo» es ya hace tiempo el nombre aséptico del aborto. La «regulación menstrual» significa recientemente lo mismo. «Educación sexual y salud reproductiva» equivalen a anticoncepción, aborto, sexualidad infantil, adolescente, etc. Y significados igualmente ideológicos vienen a tener «anticoncepción de urgencia», píldora «del día de después», «pre-embrión», «derechos reproductivos», «matrimonio homosexual», «proyecto parental», ideología del «género» (gender), «derecho a la libre elección del sexo» (cinco sexos llegaron a ser tipificados en un Foro preparatorio de la Conferencia de Pekín), etc. Al mismo tiempo se proscriben o falsifican términos como «maternidad», «virginidad», «esposo-esposa», «el estereotipo del matrimonio tradicional».

El Humanismo naturalista, basándose en «los derechos del hombre», pretende ser una Religión mundial, que sustituya la universalidad de la Iglesia Católica. Es, pues, un movimiento histórico patentemente anti-Cristo, mucho más organizado y eficaz que en el pasado. Es verdad que también la Iglesia fundamenta la ética política en «los derechos del hombre», pero los entiende según la ley natural dada por la autoridad creadora de Dios. Y esto lo viene haciendo no sólo a partir del Vaticano II, sino también en documentos bastante anteriores:

Pío XI, rechazando el comunismo, invoca con frecuencia «los derechos de la persona» (1937, enc. Divini Redemptoris). Afirma que el comunismo es «un sistema que niega los derechos, la dignidad y la libertad de la persona humana» (14). «La sociedad no puede despojar al hombre de los derechos personales que le han sido concedidos por el Creador, ni imposibilitar arbitrariamente el uso de esos derechos. Es, por tanto, conforme a la razón y exigencia imperativa de ésta, que, en último término, todas las cosas de la tierra estén subordinadas como medios a la persona humana, para que por medio del hombre encuentren todas las cosas su referencia esencial al Creador. Al hombre, a la persona humana, se aplica lo que el Apóstol de las Gentes escribe a los corintios sobre el plan divino de la salvación cristiana: “todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1Cor 3,23)» (30).

Por el contrario, el humanismo anti-Cristo fundamenta en la persona, invocando su autonomía absoluta y soberana, toda la ética y todos los derechos humanos. Ésa es la proclamación de los Derechos Humanos de 1789 –reeditada por la ONU en 1948–, que Jacques Maritain rechazaba, porque no se fundamenta en la ley natural y en Dios, sino sólo en el hombre, en la persona humana (Los derechos del hombre y la ley natural: Cristianismo y democracia, Palabra, Madrid 2001). El humanismo naturalista pone precisamente buen cuidado en distanciarse de su origen cristiano. La Unión Europea, por ejemplo, se niega cerradamente a reconocer en su Constitución «las raíces cristianas» de Europa.

La nueva religión mundial de los derechos humanos, así entendidos, ha ido implantándose profundamente en las democracias liberales de los Estados laicistas. Es una religión natural que se contrapone a la religión sobrenatural del cristianismo. Las ONG son hoy muchas veces «asociaciones de fieles». En algunos lugares se celebran «bautismos civiles», y las «bodas civiles» van sustituyendo al matrimonio cristiano, aunque conserven en buena parte su forma externa tradicional. Mijail Gorbachov, apoyando la Carta de la Tierra (1994), pretendía que esa nueva ética mundial, ecologista e interreligiosa, sustituyera los diez mandamientos. Una religión superior y única debe sustituir todas las religiones de la tierra, depurándolas de cualquier modo de fanatismo y de aquel dogmatismo que pretende poseer «la verdad». Por supuesto, «la religión más penalizada es la cristiana, y en particular la Iglesia católica, dada su tradición misionera» (Rocella-Scaraffia, ob. cit. 61).

Todos se juntan contra Cristo y su Iglesia: los Gobiernos de los Estados más poderosos y liberales, los organismos y fundaciones internacionales que antes he citado… todos se unen en el mismo designio anti-Cristo con el ecologismo, New Age, etc. y también con ciertas asociaciones católicas progresistas, que llegan a asumir sus lemas y objetivos, como si fueran necias –aunque probablemente son algo peor–. La unión internacional anti-Cristo promueve el Parlamento de las Religiones del Mundo, reunido por primera vez en Chicago (1993), y no hace mucho en Barcelona (2004). El libro de Hans Küng Hacia una ética mundial (1994) contribuye también a esa causa. Conferencias, Gobiernos, Foros, Fundaciones… todos hablan mucho más de la Tierra que de Dios. Herméticamente cerrados a la vida eterna, reservan la mayúscula para este mundo visible, World.

El mundo de los ricos está al servicio del Anti-Cristo. Los Estados liberales laicistas, de modo semejante a los abiertamente totalitarios, administran más de la mitad de las riquezas nacionales, poniéndolas al servicio de su ideología anticristiana. Cuentan siempre con la asistencia de las Fundaciones nacionales e internacionales económicamente más potentes, que apoyan las causas anticristianas contra natura. De ese modo, por ejemplo, los medios de que disponen las organizaciones Anti-Vida son cien veces mayores que los de las asociaciones Pro-Vida, y también aquéllas superan con mucho a éstas en la coordinación eficiente de sus organismos. Y no olvidemos en todo esto, por otra parte, que la corrupción de políticos y burócratas viene a ser relativamente frecuente cuando ellos administran la mitad de la riqueza nacional.

Bajo la guía suprema de Satanás, príncipe de este mundo, los Poderosos de hoy, mucho más que en superar en el mundo la pobreza extrema, se empeñan en difundir la anticoncepción y el aborto, que han de frenar decisivamente el amenazante crecimiento demográfico de los Países pobres. Hoy, por primera vez en la historia, es posible eliminar el hambre en el mundo. Pero falta para ello la verdadera voluntad política de los grandes Poderes mundanos, que de este modo se hacen responsables principales de las matanzas innumerables de seres humanos a causa del aborto y de la pobreza.

Uso palabras fuertes, las mismas de Cristo y los apóstoles. «El mundo entero yace bajo el poder del Maligno» (1Jn 5,19), y el único que puede liberarnos de su cautividad es Cristo Rey: «yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Cuánta razón tenía León Bloy cuando en su Diario personal (11-X-1904) declaraba que «para señalar el mal con precisión, con una rigurosa exactitud, es indispensable exagerarlo» (El Invendible, Mundo Moderno, B.Aires 1947, 29). Y ni aún así se entera la gente.

Post post.– Benedicto XVI, dirigiéndose a la ONU en otra ocasión y perspectiva, centró su discurso en la afirmación de que los derechos humanos, si no quieren dejar de ser universales, «restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista», han de fundamentarse «en la ley natural inscrita en el corazón del hombre, y presente en las diferentes culturas y civilizaciones». Dijo, pues, a la ONU en forma cortés, implícita, pero muy clara, que hiciera exactamente lo contrario de lo que viene haciendo, especialmente en los últimos decenios (18-IV-2008)

Pero no todos piensan en la Iglesia lo mismo que él. El Señor Arzobispo Dominique Mamberti, Secretario para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados, en la 65ª Asamblea general de la ONU, habló en su discurso del «innegable bien que la Organización de las Naciones Unidas representa para toda la humanidad», y afirmó que «las Naciones Unidas se han convertido en un elemento insustituible en la vida de las poblaciones y en la búsqueda de un futuro mejor para todos los habitantes de la tierra» (30-IX-2010).