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Capítulo II. La enseñanza sobre la oración en René Voillaume, y sus destinatarios

Cuando en la Navidad de 1965 el P. Voillaume escribía su dimisión como prior de los Hermanitos de Jesús, comenzaba a cristalizarse una nueva etapa dentro de su vida personal, que habría de afectar, asimismo, el curso de su reflexión y de sus escritos*.

*[Algo de esto expresaba el mismo Voillaume cuando, una vez dejado el priorato, escribía, tras una semana de retiro, desde Beni-Abbés, a las Fraternidades: «Este retiro ha sido como un alto en el camino, largo tiempo deseado, entre dos períodos de mi vida: el primero, que concluyó en agosto pasado en el capítulo general de los Hermanitos de Jesús, y durante el cual, a lo largo de treinta años, no he cesado de llevar la responsabilidad de la fundación, y el segundo, que se inicia ahora con la aceptación del gobierno de las Fraternidades del Evangelio» (L/IV, 30)].

Esto, sin embargo, no era sino la desembocadura de un proceso que había comenzado varios años antes.

La apertura a múltiples requerimientos

A partir de los años 50, una multiforme actividad comienza a tener lugar en la vida del P. Voillaume. En ello tuvo mucho que ver la resonancia que por entonces tenía, entre laicos y sacerdotes, el mensaje espiritual del Padre de Foucauld.

Voillaume es solicitado por entonces para predicar diversos retiros, de los que saldrán los gérmenes de la «Unión Sacerdotal» y de la Fraternidad Secular Charles de Foucauld. El Instituto Secular femenino «Jesus-Caritas» comenzaba, por su parte, a prepararse. Al asesoramiento espiritual que Voillaume hacía de estos grupos, hay que sumar, en 1956, la fundación de los Hermanitos del Evangelio, mientras proyectaba, a su vez, con el P. Lebret, la creación de la F.A.M.E.I. (Fraternité d’Amitié et d’Entraide Internationale) (cf. HIST, 10, 95-101).

El mismo Voillaume, recordando la multiplicación de responsabilidades y de quehaceres que caracterizó su vida en aquellos años, confiesa: «En lo que concernía a mi vida personal en este período, estoy realmente sorprendido, al releer mis diarios, del número de reuniones y retiros de los que participaba, y que se seguían, por así decirlo, sin interrupción, en el intervalo de mis viajes» (HIST, 10, 100).

Si añadimos, a todo esto, la fundación de las Hermanitas del Evangelio en 1963, podemos comprender que, inevitablemente, las tensiones aparejadas por esta situación, le harían cada vez más difícil llevar adelante el priorato de los Hermanitos de Jesús. De este modo, y considerando que la Congregación había alcanzado ya la suficiente consolidación y madurez, a fines de 1965, Voillaume presenta, de manera indeclinable, su renuncia como prior (cf. Id., Lettre aux Petits Frères de Jésus. Noël 1965, «Jesus-Caritas» n. 142, 1966, 101-108). Si bien esta decisión no lo desvinculaba de sus Hermanitos, de los que seguía siendo fundador y padre, quería, sin embargo, dedicarse, con mayor solicitud, a las más recientes fundaciones de los Hermanitos y Hermanitas del Evangelio*.

*[Recordemos, por lo demás, que Voillaume nunca dejó de ser Hermanito de Jesús. Necesitó de un indulto personal de Pablo VI para poder asumir el gobierno de las Fraternidades del Evangelio, sin dejar de ser Hermanito de Jesús].

La verificación de una nueva etapa

No obstante su deseo de seguir participando de cerca de la vida de los Hermanitos de Jesús, vemos, sin embargo, que, con el andar del tiempo, el distanciamiento de Voillaume respecto de la Fraternidad –que había comenzado a verificarse aun antes de que dejase el priorato–, no haría sino acentuarse. Varios elementos ayudan a poner en evidencia este hecho, sobre el cual Voillaume no hace, sin embargo, en sus escritos, una referencia explícita:

a) No parece casual que en El-Abiodh-Sidi-Cheikh, su estudio histórico sobre los Hermanitos de Jesús, Voillaume relate detallada y minuciosamente la vida de la Congregación hasta los años 50 –habiendo dedicado para ello nueve de los diez libros que forman esta obra–, para luego, cambiando totalmente la metodología, hacer una exposición más genérica e imprecisa del período siguiente.

Es de notar, en este sentido, que para el primer período contara con abundante documentación, que confrontaba constantemente con sus diarios, cartas y diferentes escritos de la época, mientras que a partir de los años 60, predomina ampliamente el recurso a lo expuesto y discutido en los Capítulos Generales de la Congregación. El mismo Voillaume reconoce, por lo demás, que esta última parte de la obra está menos lograda, y que generó algunas contestaciones dentro de la Fraternidad (cf. J. M. Recondo, La oración en René Voillaume, Burgos 1989, 302).

b) Es notable cómo, al referirse Voillaume, en El-Abiodh-Sidi-Cheikh, a «las grandes fechas de la historia de la Fraternidad», dedica varias páginas a la década del 50, en las que él aparece, además, constantemente como protagonista. Mientras que los hechos más relevantes que tuvieron lugar del 60 al 80, aparecen mencionados en menos de una página, no figurando casi ninguna alusión a su persona (cf. HIST, 10, 4-10).

c) Recorriendo rápidamente su bibliografía, se percibe que ha habido un desplazamiento durante los años 60 y 70: Si hasta entonces sus escritos se dirigían fundamentalmente a las Fraternidades –o a los diversos grupos de la familia espiritual del P. de Foucauld–, se advierte, en adelante, una creciente heterogeneidad en su auditorio. Se observa, asimismo, que sus escritos concernientes a la vida de los Hermanitos de Jesús son ya menos frecuentes. Y cuando –como en el caso de sus retiros anuales a las Hermanitas de Jesús en Tre Fontane (Roma)– retoma este discurso, podemos verificar que poco hay que no estuviera ya contenido, de alguna manera, en lo dicho por él en los años 50 y 60.

Los dos órdenes de destinatarios de las enseñanzas sobre la oración de René Voillaume

Si hemos puesto de relieve el distanciamiento progresivo del P. Voillaume en relación a la evolución de la vida de los Hermanitos de Jesús, es porque consideramos que este hecho no ha dejado de tener consecuencias sobre su reflexión y sus escritos:

1º) Porque lo que él delineó en los años 50 y 60 con respecto a la vida espiritual de las Fraternidades –particularmente en En el corazón de las masas y en sus Cartas a las Fraternidades–, ya no tendría, en lo sucesivo, la debida continuación, conforme a la evolución que había seguido posteriormente la vida de los Hermanitos. El no haber participado Voillaume sino indirectamente en esta etapa de la vida de la Congregación, estuvo –creemos– en el origen de esta carencia.

2º) Decíamos, más arriba, que la irradiación del mensaje del Padre de Foucauld y de la experiencia espiritual de las Fraternidades alcanzó a laicos y sacerdotes, para los cuales Voillaume también habló, ya desde la década del 50. Pero hemos de notar que a partir de los años 60, la palabra de Voillaume interesa auditorios que trascienden a menudo la familia espiritual del P. de Foucauld.

Recuerda Voillaume, por lo demás, lo que Soeur Magdeleine –fundadora de las Hermanitas de Jesús– le decía, en este sentido:

«Yo creo que [la] aportación principal [de Soeur Magdeleine] fue el obligarme a ver más allá de la Fraternidad de los Hermanitos. Ella me asegurará en repetidas ocasiones [...], y cuando las fraternidades obreras no existían aún, que mi misión se extendería a las Hermanitas, a los sacerdotes y a los laicos, a través del mundo» (HIST, 9, 296).

Todo esto nos permite distinguir, a grandes rasgos, dos tipos de auditorios a los que Voillaume habría de dirigirse, a lo largo del tiempo, para hablar de la oración:

–Por una parte, está su enseñanza en torno a la vida contemplativa de las Fraternidades, concentrada, particularmente, en sus escritos a los Hermanitos de Jesús, de los años 50 y 60.

– Por otra parte, tenemos sus escritos y conferencias relativos a la dimensión contemplativa de la vida cristiana. Aquí es necesario integrar todo lo que Voillaume formuló para los laicos, sacerdotes y religiosos diversos, en torno a la oración, con buena parte de las enseñanzas que, al respecto, fueron dichas por él a los Hermanitos o Hermanitas, y que pueden, sin embargo, extenderse a todo bautizado, al no estar sujetas necesariamente a la vocación específica de las Fraternidades.

Conclusión

Inevitablemente, los esquemas pecan siempre de cierta arbitrariedad. Frente a la desnuda claridad que los caracteriza, la realidad acostumbra a ser más rica, compleja e inasible. Con todo, no podemos sino reconocer la necesidad que de ellos tenemos, en orden a alcanzar una mejor comprensión de la realidad en su conjunto.

Por eso, en el tercero y cuarto capítulos habremos de sistematizar, respectivamente, lo enseñado por Voillaume sobre la oración a las Fraternidades, y a quienes, por el solo hecho de ser bautizados, están llamados a desarrollar la dimensión contemplativa de su vida cristiana.