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Presentación

En el árbol único de la Teología cristiana la Teología Espiritual ha sido la rama última en nacer, sintetizando así en sí misma, en orden a la vida espiritual, todos los demás conocimientos dogmáticos o morales, litúrgicos, canónicos o históricos. En efecto, el papa Benedicto XV, en 1919, expresaba en una carta a la universidad Gregoriana su alegría por la creación de una cátedra «dedicada a procurar una más profunda formación religiosa del clero mediante el estudio científico y práctico de las principales cuestiones concernientes a la perfección cristiana». El estudio científico de la teología espiritual podría así «corregir aquel ascetismo vago y sentimental o aquel erróneo misticismo» en el que fácilmente derivan quienes no conocen suficientemente «los verdaderos principios de la vida espiritual». La espiritualidad cristiana, por tanto, debe ser estudiada como una «ciencia teológica», y concretamente «bajo la orientación y guía segura del Aquinate, quien, como en las demás disciplinas sagradas, también en ésta se manifiesta como el gran Doctor y gran Santo».

Poco después Pío XI, en la encíclica Studiorum duce (1923), daba rango académico a este mismo planteamiento de la Teología espiritual, encomendándola también a la orientación de Santo Tomás de Aquino. Y a lo largo de nuestro siglo el Magisterio apostólico ha vuelto a insistir en ocasiones importantes en la necesidad de arraigar siempre la Teología, también por supuesto la Teología espiritual, en sus raíces bíblicas y tradicionales, tomando precisamente como maestro a Santo Tomás. En cuanto a la concreta orientación tomista de la teología católica recordaremos que ha sido impulsada, por ejemplo, por el Concilio Vaticano II (OT 16, GE 10), por la Sagrada Congregación para la Educación Católica (instrucción de 1976 sobre La formación teológica en los Seminarios, n.48) o por el mismo Código de Derecho Canónico de 1983 (c.252).

Pues bien, los escritos de Dom Columba Marmion realizan maravillosamente estos ideales de la Iglesia acerca de la teología espiritual. Por eso escapan en buena medida a la erosión del tiempo, y guardan hoy una admirable lozanía. Se trata de obras que están siempre iluminadas por el esplendor de la sabiduría bíblica y patrística, litúrgica y conciliar, y que de Santo Tomás reciben fórmulas tan profundas como bellas y precisas. Merecía, pues, la pena reeditar estos escritos, ya que, por otra parte, son gratamente asequibles a cualquier lector que tenga un mínimo de formación personal.

La presente edición de Jesucristo, vida del alma ha sido amablemente autorizada por el actual abad de Maredsous, P. Nicolas Dayez. En vistas a una futura biblioteca informatizada, hemos preferido incluir en el mismo texto las citas bíblicas, y también otras notas de pie de página, señalando éstas entre corchetes [...]. Por lo que se refiere a los textos originales latinos, que Dom Marmion reproducía casi siempre al citar los textos bíblicos o litúrgicos, o los Concilios, Padres y Doctores, nosotros los hemos transcrito sólamente en aquellos pasajes que nos han parecido más elegantes o significativos.

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