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El Sagrado Corazón de Jesús

Entrada: «Los proyectos de su Corazón, de edad en edad, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre» (Sal 32,11.19).

Colecta (de nueva redacción): «Dios todopoderoso, al celebrar la solemnidad del Corazón de tu Hijo unigénito recordamos los beneficios de tu amor para con nosotros; concédenos recibir de esa fuente divina una inagotable abundancia de gracia». O también (del Misal anterior): «¡Oh Dios!, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos una cumplida reparación».

Ofertorio (del Misal anterior): «Mira, Señor, el amor del corazón de tu Hijo, para que este don que te ofrecemos sea agradable a tus ojos y sirva para el perdón de nuestras culpas».

Comunión: «Dice el Señor: el que tenga sed que venga a Mí, el que cree en Mí, que beba. De sus entrañas manarán torrentes de agua viva» (Jn 7,37-38). O bien: «Uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua» (Jn 19,34).

Postcomunión (de nueva redacción): «Este sacramento de tu amor encienda en nosotros el fuego de la caridad que nos mueva a unirnos más a Cristo y a reconocerle presente en los hermanos».

El amor infinito con que Dios ha realizado espontáneamente sus designios de salvación se nos ha revelado en una constante alianza de amor permanente: «Dios es caridad» (1 Jn 4,8.16). La prueba definitiva es este Corazón que tanto ha amado a los hombres. El culto al Sacratísimo Corazón de Jesús tiene sus bases firmísimas en las Sagradas Escrituras. Los Santos Padres lo revelaron profusamente, sobre todo con el hecho histórico de la lanzada del soldado al costado de Cristo. En el Medievo, la meditación de este pasaje bíblico recordado en la liturgia llevó a profundizar mucho en la devoción al Corazón de Jesucristo, principalmente en el monasterio benedictino de Helfta (Alemania) sobre todo con Santa Matilde y Santa Gertrudis.

En el siglo XVII la divulgó mucho su culto San Juan Eudes, que compuso un texto litúrgico para su fiesta. En ese mismo siglo las revelaciones a Santa Margarita María de Alacoque le llevaron a propugnó que se aprobase por Roma como fiesta litúrgica para toda la Cristiandad. Esta difusión se abrió camino sobre todo por mediación de los obispos polacos, en tiempos de Clemente XIII, en 1765. El culto se fue extendiendo por doquier y en 1856 Pío IX extendió la fiesta a toda la Iglesia universal. León XIII consagró el mundo al Corazón de Jesús el 11 de junio de 1899. Pío XI elevó la fiesta al rango de primera clase con octava privilegiada, en 1928. Después del Concilio Vaticano II, con la renovación del Calendario Litúrgico, esta fiesta tiene el carácter de solemnidad.

Ciclo A

–Deuteronomio 7,6-11: El Señor se enamoró de vosotros y os eligió. El amor salvífico de Dios es absolutamente gratuito. Nos ama por iniciativa propia, no porque nosotros lo hayamos merecido primero.

–1 Juan 4,7-16: Él nos amó. Dios, que es la perfección toda y en todo, ha querido revelársenos explícitamente como Amor. ¡Dios es caridad tan infinita que llegó a darnos a su propio Hijo como Víctima por nuestros pecados!

–Mateo 11,25-30: Soy manso y humilde de Corazón. En Cristo se nos ha manifestado la plenitud del Amor que Dios nos tiene y el modelo perfecto del amor que nos pide en correspondencia.

Ciclo B

–Oseas 11,1.3-4.8-9: Se me revuelve el Corazón. El profeta Oseas proclama la razón última de la alianza de Dios con su pueblo: El Amor eterno con que determinó desde el principio salvar a sus elegidos.

–Efesios 3,8-12.4-19: Comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Jesucristo es la Encarnación real y palpitante del Amor del Padre: «tanto amó Dios al mundo que llegó a entregarle a su propio Hijo» (Jn 3, 16).

–Juan 19,1-37: Le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. Por amor Jesús se entregó todo entero como Redentor y Víctima inmolada. La lanzada del Calvario fue un hecho providencial, que nos señalaba el Corazón que tanto ha amado a los hombres.

Ciclo C

–Ezequiel 34,11-16: Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las haré sestear. Toda la historia de la salvación ha sido un proceso intensivo de acercamiento de Dios a su pueblo, como un Pastor en medio de su rebaño. La historia culmina en Cristo: el Buen Pastor por antonomasia.

–Romanos 5,5-11: Dios nos da prueba de su amor. Sin Cristo estaríamos perdidos, como ovejas sin pastor. Pero el amor de Dios nos reconcilió en Cristo Jesús, el Pastor de nuestras almas.

–Lucas 15,3-7: He encontrado la oveja perdida. Es una gran alegría en el cielo la conversión del pecador. Ante el Corazón de Jesucristo todo hombre es siempre recuperable. Es Él quien ha hecho posible, y sólo Él podía hacerlo, nuestra reconciliación con el Padre.

La Iglesia, en el Oficio de esta solemnidad, nos presenta un bello texto de San Buenaventura:

«Corre con vivo deseo al Corazón de Jesús traspasado, a esa Fuente de Vida y de Luz quienquiera que seas. ¡Oh alma, amante de Dios! y con toda la fuerza de tu corazón exclama: ¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna Luz! ¡Vida que vivificas toda vida, Luz que ilumina toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad! ¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la Fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!» (El árbol de la vida 29-30.47).